El Enterprise, un primer paso hacia las estrellas
Así comenzó la era del transbordador espacial
El 18 de febrero de 1977, el programa del transbordador espacial de la NASA (Space Shuttle) dio un paso fundamental con el primer vuelo del conjunto formado por el transbordador Enterprise y el Shuttle Carrier Aircraft (SCA), un Boeing 747-123 procedente de American Airlines y modificado para transportar la lanzadera sobre su fuselaje. Bautizado como NASA 905, el avión había recibido refuerzos estructurales, tres puntos de anclaje para sujetar el transbordador y dos derivas verticales auxiliares en los extremos del estabilizador horizontal para mejorar su estabilidad. También se había retirado buena parte de su equipamiento interior para reducir peso. El ensayo tuvo lugar en el Centro de Investigación de Vuelo Dryden, actualmente Armstrong, situado en la base aérea de Edwards, California.
Este primer vuelo formó parte del Programa de Pruebas de Aproximaciones y Aterrizajes (Approach and Landing Tests, ALT), diseñado para evaluar el comportamiento aerodinámico del transbordador antes de que realizara vuelos orbitales. La NASA debía asegurarse de que el shuttle podía maniobrar y aterrizar de manera segura después de la reentrada, ya que la lanzadera no disponía de motores para volar en la atmósfera y debía planear hasta la pista como un planeador. La dificultad estaba en que el transbordador debía administrar con enorme precisión la velocidad y la altitud que le quedaban.
Su aproximación comenzaba con una pendiente de unos 20 grados, frente a los aproximadamente 3 grados habituales en un avión comercial. Poco antes de llegar a la pista, los pilotos debían suavizar el descenso y transformar parte de esa velocidad en sustentación para aterrizar. Si llegaban demasiado altos o rápidos, corrían el riesgo de consumir demasiada pista; si llegaban demasiado bajos o lentos, no podían dar motor y frustrar la aproximación. Sólo tenían una oportunidad para aterrizar. Por eso, antes de enviar un transbordador al espacio, la NASA necesitaba comprobar mucho más que su capacidad para mantenerse en el aire. Había que conocer con precisión cómo respondía a los mandos, cómo perdía velocidad y altitud durante el descenso y hasta qué punto sus pilotos podían controlar la aproximación y posar una aeronave de aquellas características sobre una pista. Los ensayos con el Enterprise permitirían estudiar todo ello de forma progresiva, sin tener que esperar al regreso de una misión orbital para descubrir si los cálculos y simulaciones se correspondían con la realidad.
El Enterprise, nombrado así en honor a la famosa nave de Star Trek tras una campaña llevada a cabo por aficionados a la popular serie de ciencia ficción, fue el primer orbitador construido pero no estaba diseñado para vuelos espaciales. Carecía de motores principales y de un escudo térmico funcional, ya que su único propósito era realizar pruebas aerodinámicas en la atmósfera.
Los preparativos habían comenzado días antes. El 15 de febrero de 1977, el conjunto formado por el NASA 905 y el Enterprise realizó tres pruebas de rodaje en Edwards para comprobar su comportamiento en tierra y verificar que el Boeing podía acelerar y frenar con el transbordador sobre el fuselaje.
Tres días después llegó el momento de despegar. A los mandos del 747 se encontraban los pilotos de pruebas de la NASA Fitzhugh Fulton y Thomas McMurtry, acompañados por dos ingenieros de vuelo. El Enterprise, en cambio, viajaba sin tripulación y con sus sistemas desactivados. Todavía no había llegado el momento de comprobar cómo volaba por sí mismo.
Durante unas dos horas, el conjunto permaneció en el aire mientras la tripulación realizaba maniobras para evaluar su estabilidad y sus características de vuelo. El enorme transbordador modificaba la aerodinámica del Boeing, de modo que los ingenieros necesitaban comprobar que ambos podían volar juntos de forma controlada y que el comportamiento real se correspondía con lo previsto.
El ensayo concluyó con el regreso a Edwards, donde el Enterprise aterrizó todavía sujeto al avión nodriza. Era el primer paso de una campaña que iría aumentando progresivamente la complejidad de las pruebas hasta permitir que la lanzadera se separase del 747 y regresase a la pista utilizando únicamente sus propias alas.
El primer vuelo fue sólo el comienzo. Entre febrero y marzo de 1977, la NASA completó cinco vuelos cautivos con el Enterprise sin tripulación. Después llegaron otros tres en los que los astronautas viajaron a bordo del transbordador y pusieron a prueba sus sistemas, aunque éste continuaba unido al Boeing 747.
El 12 de agosto de 1977, Fred Haise y realizaron finalmente el primer vuelo libre. El Enterprise se separó del avión nodriza sobre el desierto de Mojave y, durante algo más de cinco minutos, descendió planeando hasta aterrizar sobre el lecho seco del lago Rogers, en Edwards. Por primera vez, un transbordador espacial había volado y aterrizado por sus propios medios aerodinámicos.
La NASA realizó otros cuatro vuelos libres, alternando las tripulaciones de Haise y Fullerton y de Joe Engle y Richard Truly. Para los dos últimos se retiró el cono de cola que hasta entonces había cubierto la zona de los motores, lo que permitió estudiar un comportamiento aerodinámico más próximo al que tendría un transbordador al regresar del espacio. El 26 de octubre, el Enterprise completó su último vuelo libre aterrizando sobre una pista pavimentada, en lugar de hacerlo sobre el lecho del lago.
Pero su trabajo estaba lejos de haber terminado. En 1978 fue trasladado al Centro Marshall, donde se acopló a un depósito externo y a dos propulsores de combustible sólido inertes para realizar ensayos de vibración y comprobar cómo respondería la estructura completa a las cargas del lanzamiento. Al año siguiente llegó al Centro Espacial Kennedy, donde permitió ensayar los procedimientos de montaje y verificar las instalaciones de la plataforma 39A, que utilizaría posteriormente el Columbia.
La NASA había contemplado inicialmente convertir el Enterprise en un transbordador capaz de viajar al espacio. Sin embargo, las modificaciones necesarias resultaron mucho más costosas de lo previsto, especialmente por los cambios introducidos en el diseño de los orbitadores operativos. Finalmente se optó por adaptar otro vehículo construido para ensayos estructurales, el STA-099, que acabaría convirtiéndose en el Challenger.
El Enterprise nunca llegó al espacio, pero siguió siendo útil durante años. En 1985 participó en pruebas de las instalaciones de lanzamiento de Vandenberg y, mucho después, incluso proporcionó componentes para los ensayos realizados durante la investigación del accidente del Columbia. Hoy se conserva en el Intrepid Sea, Air & Space Museum de Nueva York. Puede que nunca realizara una misión orbital, pero buena parte de lo que permitió volar a sus sucesores se aprendió gracias a él.